Un profesor les anuncia a los estudiantes que tomaría una prueba “sorpresa” la semana siguiente. El profesor les dice que la prueba la va a tomar algún día de la semana siguiente, exactamente a la una de la tarde. . La prueba, se tomaría sí o sí, la siguiente semana. Ese anuncio lo hizo el viernes previo a la semana en cuestión. Veamos ahora el razonamiento que hicieron los alumnos. Uno dijo, “el viernes no la puede tomar”.“¿Por qué?”, preguntó otro.“¡Fácil!”, retomó el primero en hablar. “Si llegamos hasta el día jueves y no la tomó, eso quiere decir que nosotros sabríamos el mismo jueves que la prueba será el día siguiente, ya que no le queda otra. Pero en ese caso, él mismo violaría su propia regla, ya que dijo que nosotros nos enteraríamos el mismo día de la prueba . Si no la tomó hasta el jueves, nosotros sabríamos que será el viernes, el mismo jueves a la mañana. Y eso no puede pasar”, terminó contundente.“No, pero esperá”, saltó otro. “Entonces, el jueves tampoco la puede tomar”, dijo entusiasmado y entusiasmando a los otros.“Fíjense por qué. Como nosotros ya sabemos que el viernes no la puede tomar (si no la tomó el jueves), entonces, si no la toma el miércoles, nosotros sabríamos ese día (el miércoles) que el jueves tiene que tomar la prueba. Pero eso volvería a violar sus propias reglas. Es decir, nosotros sabríamos el miércoles a la mañana, que si la prueba no la tomó el miércoles, la tendría que tomar el jueves porque el viernes no puede. Y es un lío para él, porque se dan cuenta que así siguiendo, podemos demostrar ahora que el miércoles no la puede tomar tampoco. Ya que si el martes no la tomó, como no puede hacernos rendir ni el jueves ni el viernes, tendría que ser el miércoles.” El proceso puede continuar hacia atrás, de manera tal de llegar a concluir que la prueba no se puede tomar nunca. O mejor dicho, ¡no se puede tomar ningún día de esa semana!
En los días en que un helado costaba mucho menos, un niño de 10 años entró en una confitería y se sentó a una mesa. La mesera puso un vaso de agua en frente de él. -"¿Cuánto cuesta un helado de chocolate con almendras?", preguntó el niño. -"sesenta centavos", respondió la mesera. El niño sacó su mano de su bolsillo y examinó un número de monedas. -"¿Cuánto cuesta un helado solo?", volvió a preguntar. Algunas personas estaban esperando por una mesa y la mesera ya estaba un poco impaciente. -"Treinta y cinco centavos", dijo ella bruscamente. El niño volvió a contar las monedas. -"Quiero el helado solo", dijo el niño. La mesera le trajo el helado, y puso la cuenta en la mesa y se fue. El niño terminó el helado, pagó en la caja y se fue. Cuando la mesera volvió, ella empezó a limpiar la mesa. Allí, puesto ordenadamente junto al plato vacío, había veinticinco centavos ... su propina.
Hola oscuridad, mi vieja amiga, he venido para hablar contigo de nuevo, porque una visión, deslizándose silenciosamente, me dejó su simiente mientras dormía. Y la visión que quedó plantada en mi mente aún permanece dentro del Sonido del Silencio. En inquietos sueños caminé a solas por estrechas calles empedradas. Bajo el resplandor de una farola volví la cara hacia el frío y la humedad y entonces mis ojos fueron apuñalados por el destello de una luz de neón que rasgó la noche y rozó al Sonido del Silencio. Y bajo la desnuda luz pude ver a diez mil personas o tal vez más. Gente que charlaba sin hablar, gente que oía sin escuchar, gente que escribía canciones que ninguna voz jamás compartiría. Y ninguno se atrevió a perturbar el Sonido del Silencio. Locos, dije, ¿no sabéis que el silencio crece como un cancer?. Oíd mis palabras que puede que os sirvan de lección. Coged mis brazos para que os pueda alcanzar. Pero mis palabras cayeron como silenciosas gotas de lluvia y resonaron como un eco en los pozos del silencio. Y la gente se postró y se puso a rezar ante el dios de neón que habían creado Y el anuncio se encendía y se apagaba mostrando su mensaje con las palabras que iba formando. Y el anuncio decía: "Las palabras de los profetas están escritas en las paredes del metro y en la entrada de las casas". Y susurró en el Sonido del Silencio.
(traducción "Sound of Silence" - Simon & Garfunkel)
Un Alemán, un Francés, un Inglés y un Cubano comentan sobre un cuadro de Adán y Eva en el Paraiso. El Alemán dice: -Miren que perfección de cuerpos: ella esbelta y espigada el con ese cuerpo atlético, los músculos perfilados....Deben ser alemanes. Imediatamente, el Francés reaccionó: -No lo creo. Es claro el erotismo que se desprende de ambas figuras...ella tan femenina...el tan masculino...Saben que pronto llegará la tentación....Deben ser Franceses. Moviendo negativamente la cabeza el Inglés comenta: -Para nada. Noten...la serenidad de sus rostros, la delicedeza de la pose, la sobriedad del gesto. Solo pueden ser Ingleses. Despues de unos segundos más de contemplación el Cubano exclama: -No estoy de acuerdo. Miren bien: No tienen ropa, no tienen zapatos, no tienen casa, solo tienen una manzana para comer y esta prohibida, no protestan y todavía piensan que están en el Paraiso....Esos sólo pueden ser Cubanos!!
Hubo una vez un limosnero que estaba tendido al lado de la calle. Vio a lo lejos venir al Rey con su corona y capa. Se dijo a si mismo "De seguro el Rey me dará algo" y cuando el rey pasó cerca le dijo: "Su majestad, ¿me podría regalar una moneda?" conociendo la amabilidad del Rey penso que éste le daría más que eso. El Rey le miró y le dijo: "¿Por qué no me das algo tú? ¿Acaso no soy yo el Rey?"...el mendigo no sabía que responder a la pregunta y dijo: "¡Pero su majestad...yo no tengo nada!". El Rey respondió: "Todos tienen siempre algo que dar". Entre su asombro y enojo el mendigo buscó entre sus cosas y se dio cuenta que tenía una naranja, un pedazo de pan y unos granos de arroz". Pensó que el pan y la naranja eran mucho más necesarios para él, así que tomó 5 granos de arroz y se los dio al rey. Complacido el Rey dijo: "¡Ves como si tenías!" "Por tu amabilidad te daré 5 monedas de oro, una por cada grano de arroz". El mendigo dijo entonces: "Su majestad...creo tener más", pero el Rey dijo: "Solamente de lo que me has dado de corazón te puedo yo dar".
Todos tenemos algo, lo que sea que tengas dáselo al Rey...Jesús.